Hoy seguimos hablando de los orígenes de los rituales matrimoniales con las bodas en la Grecia Clásica.

Antes de poder realizar la unión entre dos personas, en la Grecia Clásica el padre de la novia y el futuro esposo firmaban el contrato matrimonial. Puesto que la esposa se consideraba una carga, el padre debía ofrecer una serie de regalos al futuro marido. Estos obsequios son el origen de la dote o el ajuar de la novia en el matrimonio clásico.

Una vez establecido el contrato se fijaba una fecha para la ceremonia que preferiblemente debía ser en un día de luna llena del mes de enero. El ritual de la boda duraba tres jornadas consecutivas.

El primer día, la víspera de la ceremonia, consistía en la preparación de la novia en la casa de su padre. La novia debía hacer un sacrificio de un cerdo en honor a Afrodita, la diosa de la belleza, el amor, el deseo y la reproducción. Además debía ofrecer a la diosa sus juguetes de niña y unos mechones de su cabello, por la vida que deja atrás, y su cinturón, símbolo de virginidad.

Afrodita de Milos. De Alexandros of Antioch. Museo del Louvre, Paris.

Antes o después de las ofrendas, la novia debía darse un baño purificador como símbolo de su nueva vida. Este baño se debía realizar con agua de un río o de una fuente sagrada y se podía realizar tanto en la ubicación original del agua como en la propia casa de la novia. En este caso, se trasladaba el agua purificadora con un lutróforo, un ánfora que podía alcanzar los 150 cm. Este baño nupcial podía añadir hierbas aromáticas al agua.

Lutróforo hallado en Sounion, 420-410 a.C. Altes Museum, Berlín.

El segundo día de celebración es en el que se realizaba la ceremonia, que consistía en un banquete en la casa del padre de la novia que se alargaba hasta la noche. En ese momento la pareja hacía el camino hacia su nuevo hogar, que había sido decorada con guirnaldas y hojas de olivo y laurel y donde les aguardaba en la puerta la madre del novio, subidos a un carro y seguidos por una procesión con música y canciones que hacían llover sobre los novios nueces, dátiles e higos en señal de buena suerte y pertenencia al nuevo hogar. Durante todo el día la novia debía ir velada hasta que llegaba a su nueva casa, de ahí la tradición del velo .

El tercer y último día de la celebración los parientes daban a los novios regalos, incluida la dote prometida en el contrato matrimonial.

La disolución del matrimonio griego se realizaba sin alegar motivo en caso de que el marido lo pidiera aunque generalmente se disolvía por considerar irresponsable a la esposa, ya fuera por adulterio o por no concebir hijos. En caso de disolución, el marido debía restituir íntegramente la dote que en su momento obtuvo del padre de la novia.

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