En Navidades, con tantas comidas y compromisos familiares, se hace difícil poder quedar con los amigos para hacer una buena comida o cena casera. Además, la Navidad viene lentamente, con las luces colocadas ya a finales de noviembre, las músicas navideñas sonando en cada tienda a principios de diciembre, los anuncios de juguetes por la tele… pero de golpe y porrazo han pasado los Reyes y nos metemos de lleno en las rutinas del trabajo, las prisas, la cuesta de Enero…

 

Así que para que el Espíritu de la Navidad se pierda más paulatinamente, este fin de semana me he planteado hacer una comida post-navidad, pero sin perder el encanto de los colores de esta época del año que hemos dejado atrás. ¿Quieres ver si lo he conseguido? Sigue leyendo.

 

Para vestir la mesa utilicé un mantel rojo con sus servilletas a juego sobre la vajilla familiar, ideal por su blancura y por ese hermosísimo hilo dorado en su borde. Sobre las servilletas, obsequié a mis invitados con unas minutas con el menú post-navideño que degustarían. Un camino de mesa en granate con textura recorre la mesa de punta a punta.

En el centro, la decoración central: una pareja de cuernos de ciervo (totalmente naturales y regalados por mi tío desde tierras zamoranas) envueltos en una mezcla de verdes que combinan a la perfección las guirnaldas artificiales con las hojas naturales de acebo. Las bolas rojas de acebo le dan esa chispa de vitalidad navideña al conjunto.

A ambos lados del centro de mesa, un conjunto de velas para dar calidez a la comida. Destacan los dos porta-velas altos de cristal con pie dorado, que van acompañados por velas en vasos decorados en dorado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Espero que te haya gustado mi propuesta para vestir una mesa post-navidad.

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